Iba un pegotito subido en su nube, a toda velocidad, cruzando un campo de flores de alegres colores, sintiéndose el pegotito más feliz del planeta.
Pero de repente..., sintió que su nube dio un suave bandazo, pero el pegotito pudo controlar la nube y siguió feliz su camino. Al rato la nube sufrió otro bandazo más fuerte, y el pegotito, alarmado, mantuvo el equilibrio como pudo, pero una fuerte corriente de aire empezó a remover la nube, y a despedazarla... El pegotito asustado intentó recomponer su nube, pero los pedazos salían volando en distintas direcciones, y el pegotito veía como sólo quedó un minúsculo pedazo bajo sus piececillos; ese pedacito de nube era lo único que podría evitar que cayera violentamente contra el suelo, pero de repente, otra ráfaga de viento empujó al pegotito y le hizo perder el equilibrio. De repente todo saltó por los aires, la nube, el pegotito, y la mochila que llevaba llena de sueños e ilusiones...
El pegotito quedó unos minutos inconsciente en el suelo; cuando abrió los ojos veía todo muy borroso. Ya no veía alegres colores, veía todo en tonos grises y apagados... y se asustó mucho. Le dolía todo el cuerpo del golpe, pero esas magulladuras realmente no le preocupaban. Empezó a llorar desconsoladamente, tendido en el suelo, pensando que sólo podría ver colores de forma pasajera en su vida, y que ni si quiera cuando los creía más vivos acababan de ser reales...
Y así, entre lágrimas y una gran pena, el pegotito se quedó dormido, deseando no despertar para no enfrentarse a un nuevo día sin su nube, y sin esos vivos colores a los que se estaba acostumbrando a ver la vida...